Gata Santa y Art Vega no podrían haberse conocido en otro sitio que en una tienda de discos, en París concretamente, ciudad en la que ella ya era comocida como agitadora nocturna gracias a sus sesiones rabiosamente eclécticas y libres de prejuicios estilísticos. Art Vega, por su parte, no era precisamente un recién llegado al juego, pues llevaba desde 1994 dirigiendo el sello vienés Pomelo, que ha estado surtiendo de techno idiosincrático y outsider a los aficionados a la electrónica desde esa fecha ininterrumpidamente. Tras conocerse, se dieron cuenta de que estaban hechos el uno para el otro y decidieron establecerse como pareja de hecho musical, lo que se tradujo en fundar el sello Shaddock, con un criterio de publicaciones aún más variado y heterodoxo que el de Pomelo, y en recorrer las cabinas como DJ dúo, ofreciendo sesiones en las que mezclan irreverentemente techno, house, acid, breaks y cualquier otra cosa que pase por sus coordinadas cabezas.