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Entrevista a Guti: “La electrónica me convirtió en un músico libre”

Del rock se pasó a la electrónica, lo que le hizo libre y le convirtió en mejor músico de jazz. Así es Guti, un tipo visceral para el que el ‘aquí y ahora’ es lo único que importa a nivel artístico

Cuando Gabriel Gutiérrez accedió a recibirnos en su piso/estudio en Lisboa, me apresuré a leer pasadas entrevistas con otros medios, escuchar más música suya que nunca y tratar de entender a una de las mentes más curiosas y singulares de la escena musical electrónica actual. O, como a él le gusta decir, contemporánea. Guti se considera a sí mismo un músico contemporáneo. Preguntado sobre si catalogaría a su música como de baile o contemplativa, responde lo mismo: “Mi música es contemporánea, porque ha sido creada aquí y ahora.” Por eso, rehuye de las estructuras clásicas de la industria. El perfil de artista que “produce dos singles al año y se pasa seis meses girando y tocándolos” no le atrae en absoluto. Por eso, afirma que la escena no está hecha para él. Ante un tipo tan complejo, uno apenas sabe qué preguntar o por dónde atacar. Era lunes a mediodía. Guti nos lleva a un bar cercano a su casa, en la capital portuguesa. Afortunadamente, tras la primera pregunta, entablamos, entre tostadas y cerveza, una conversación, una charla que se parece en poco o nada a una entrevista. Aunque, en realidad, esas son las mejores entrevistas.

¡Cuánto ha cambiado el mundo en los últimos cuatro meses!

Ya lo creo. Sigo sintiéndome extraño. Como todos, supongo. Esto ha tenido aspectos muy positivos, como tener tiempo para la familia o para estudiar, hacer música, reflexionar, descansar. Pero, por otro lado, es duro no tener trabajo y no ingresar dinero. Es duro también a nivel familiar.

¿Puede la escena llevarse algo positivo de todo esto?

Va a ser súper positivo a nivel creativo, pero también va a matar a mucha gente a nivel económico. A mí, me cogió con ahorros y tengo una mujer que me apoya, pero aquellos que vivían al día sólo pagan facturas y no ingresan desde hace cuatro meses. Me temo que les va a ser difícil sobrevivir. Ojalá me equivoque.

¿Y la sociedad en su conjunto?

Bueno, creo la crisis nos obliga a entender que hay muchas cosas que creíamos esenciales y que, ahora, hemos visto que no lo son. Podemos vivir con mucho menos de lo que vivimos. Y hay que creer en la ciencia. Los países a los que peor les fue tienen líderes autoritarios que no creen en la ciencia. Se burlan de las máscaras y creen que el virus se irá por arte de magia. Peleamos ante un enemigo potente pero pequeño, que no podemos ver. Y eso, en la cabeza de un líder egocéntrico, es difícil de digerir y entender. Ojalá salgamos de esta como una sociedad más madura que cree en la ciencia, en los datos y en las políticas de sanidad. Y ojalá destinemos más presupuesto a mejorar la educación y los hospitales. La mala gestión de algunos líderes es la prueba definitiva de que falta educación. Ojalá salgamos más fuertes, aunque tengo mis serias dudas.

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Guti, durante la entrevista en su casa de Lisboa. | Imagen: © Eloi Herrero

Un día dijiste que “la música electrónica era la anti-música”.

Relativizo mucho con el concepto de la música. Recientemente, he trabajado en un álbum de jazz que se llama Post-Music, un concepto parecido al de “después de la música”, así que, imagínate. En aquella época, para mí, la electrónica era, en efecto, la anti-música. Yo venía de un mundo en el que se tocaba con instrumentos y no entendía cómo los artistas de electrónica podían crear música sin instrumentos. Era como lo veía entonces y, evidentemente, ahora ya no sigo viéndolo igual.

Por si nuestros lectores no lo saben, debemos explicar que, en aquel entonces, te dedicabas al rock y eras miembro de la banda Jóvenes Pordioseros, muy famosa en Argentina.

Sí, aunque ya al empezar con el rock estaba, paralelamente, experimentando con otros sonidos. De repente, me vi tocando cinco acordes con la misma banda durante cinco años y me frustré. Aquello se había convertido en mi trabajo, pero no me apasionaba. Yo me había prometido a mí mismo que no me dedicaría a nada que no tuviera algo que ver con la música, así que fue un momento de vida o muerte para mí. Había dejado la universidad y mi familia no tenía excesivo dinero. Tenía que apostar por la música y aposté por la electrónica.

¿Qué te aportó la música electrónica que fuera distinto a lo demás?

Obtuve mucha libertad. Pude empezar a tocar el bajo o programar los drums sin lidiar con la gente de la banda o el ego del cantante. Allí me di cuenta de que no necesitaba más a la banda. Me convertí en un músico libre.

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Guti (a la derecha) y los otros cuatro miembros de la banda Jóvenes Pordioseros. | Imagen: © Jóvenes Pordioseros

¿Frecuentabas clubs antes de pasarte a la electrónica?

Para nada. Había estado como mucho cinco veces en un club. Yo me pasé a la electrónica con 27 años. No sabía nada de electrónica. Eso también me hizo tener menos prejuicios, menos ideas preconcebidas.

Creciste rodeado de directores de orquesta, saxofonistas, pianistas… Esto de la música te viene en los genes.

Sí, todos los Gutiérrez son músicos. Y mi padre era poeta hasta que el sistema le ganó y tuvo que dejar de soñar para rendirse al sistema y a la burguesía. De todos modos, no creo que sea músico por ellos; ellos son músicos de escuela, lo estudiaron desde pequeñitos. Mi enfoque es distinto. A mí, me da vergüenza enseñarles mi música; ellos son músicos clásicos.

En algo tuvieron que influirte…

Lo más importante es que me demostraron que uno puede vivir de la música y que no todos tenemos que acabar siendo empresarios o abogados. Ese fue el mayor aprendizaje que me dieron.

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¿Otras influencias que no estuvieran en tu casa?

Tuve muchas. Una que recuerdo con gran cariño es la del pintor uruguayo Omero Capozzoli, padre de una buena amiga de mi madre. Él fue el primer artista libre que conocí. Pude visitar su estudio con apenas 11 años, cuando empezaba a experimentar también con la pintura.

Hablas de la pintura… ¿Desde pequeño tuviste claro que ibas a por la música o tuviste ciertas dudas en algún punto?

Al principio, quería jugar al fútbol. También fui campeón nacional de judo en Argentina cuatro veces. Pero luego vi que quería desarrollar mi mente más que mi cuerpo. Al principio, pensé que la única forma de ser músico profesional era estudiar música en un conservatorio. Y ya iba tarde para eso. Sin embargo, me hice músico a base de escuchar jazz y tocar con gente de forma improvisada. Soy un músico libre. Y lo curioso es que fue tras pasar por la electrónica que me hice mucho mejor músico de jazz, por ejemplo. Ahora soy un músico mucho más completo que antes gracias a la libertad que me da la electrónica.

Pero tengo entendido que sí pasaste por el conservatorio.

Sí, porque empecé a estudiar Música Contemporánea un par de años allí, pero mi banda, Jóvenes Pordioseros, creció mucho y tuve que dejarlo para poder ir de gira.

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Guti combina su pasión por la música con otras artes, como los collages. | Imagen: © Eloi Herrero

¿Cómo estaba la escena del rock en Argentina en aquel momento?

Aquello era una locura. La crisis argentina de 2001 provocó la aparición de muchos grupos callejeros y bandas musicales que cantaban canciones sobre drogas y destrucción. La gente no quería oír canciones de amor, sino letras tristes y enfadadas. Creo que el surgimiento del rock supuso el movimiento artístico adecuado en el lugar y momento adecuados.

¿Fue entonces cuando viste que podías vivir de la música?

No, diría que eso fue cuando cobré por primera vez. Y, sobre todo, cuando empezamos a llenar estadios con Jóvenes Pordioseros, eso sí.

¿Fue duro pasar de un ambiente de banda a girar en solitario como artista de electrónica?

Es como cuando los solteros quieren estar casados y los casados, solteros. Cuando viajas siempre con una banda, necesitas tiempo solo. Cuando estás solo, echas de menos la compañía. Por eso, desde que soy músico de electrónica, siempre me ha gustado colaborar con otros artistas y nutrirme de sus conocimientos y técnicas. Siempre busco aprender de los demás. Sé que, algún día, acabaré formando parte de bandas o produciendo para ellas.

Quizás a algunos les sorprenda leer esto. La escena sólo conoce al Guti de música house.

Actualmente, hago mucha música house en solitario porque paso mucho tiempo solo, pero me encanta inmiscuirme en proyectos de ambient, jazz, techno…

¿No es una pena que la gente no lo sepa?

¿Por qué? ¿Es importante que la gente lo sepa?

Depende de a dónde quieras llegar con ello, ¿no?

Lo que sucede es que no necesito -ni quiero- estar siempre pensando en darme a conocer, vender y hacer cosas grandes. Estoy experimentando y también invirtiendo tiempo en pintar. Quiero combinar música y arte cada vez más.

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Guti, junto a otros miembros de su sello Rompecorazones durante una performance. | Imagen: © Rompecorazones

Te iba a preguntar por el sonido de Guti, pero imagino que tendrás mil respuestas para eso.

Mi sonido es siempre las últimas tres semanas de mi vida. Mi pareja siempre me pregunta por qué no toco mis mejores temas. Yo siempre le respondo que vengo de una banda en cuyos conciertos la gente sólo reaccionaba cuando tocábamos el hit. Eso es muy triste y no quiero que a Guti le pase lo mismo. Por eso, definir mi sonido es imposible. Mi sonido son siempre mis tres últimas semanas de experimentación.

Entonces, a parte del Guti artista de house, ¿en qué más andas metido ahora mismo?

Estoy haciendo de todo. Ahora mismo, estoy trabajando con un trompetista americano y un pianista armenio. Se trata de un proyecto de música jazz en formato banda que nace con el nombre de Desmadre. Para esto, hemos creado también un sello nuevo llamado Modal Tune. Paralelamente, estoy trabajando en otro de mis sellos, Personality Disorder, un proyecto que empecé el año pasado junto a mi amigo David Gtronic. Lo concebimos como vía de escape para sacar toda la música que no salía en otros sellos. Surgió cuando pasé más tiempo en Berlín con mi mujer y sus hijos (David también vive allí). Combinamos música con arte y mis collages. Estamos contentos con cómo nos va. También he colaborado recientemente con la banda chilena Matanza y fantaseo con un montón de posibilidades. Hago muchas cosas, pero cada vez me doy más cuenta de que la escena no está hecha para alguien como yo.

¿A qué te refieres?

Pongamos que produzco un tema. En el mejor de los casos, al cabo de unos dos o tres meses lo envío a un sello y me lo publica al cabo de tres más. Cuando el tema sale al mercado, tiene ya medio año de vida. Y el Guti de ese momento ya no es el mismo Guti que creó el tema. Yo no soy así, no puedo trabajar así. Por eso digo que hago música contemporánea: porque la creo ahora, hoy. Con mi propio sello en Bandcamp y otras plataformas similares soy capaz de publicar aquello que he creado ese mismo día. Los tempos de la escena están pensados para artistas que hacen dos singles al año y se pasan seis meses tocándolo. Yo soy más visceral. Lo mío es otra movida.

Si no me equivoco, viviste en Berlín y en Düsseldorf.

Viví en Berlín, Düsseldorf, Barcelona, Bucarest (un momento loco de mi vida) y ahora vivo en Lisboa, aunque tengo a mi familia en Berlín. Y crecí en Buenos Aires, claro.

¿Cuál dirías que fue más importante en tu carrera?

Buenos Aires. Allí viví de todo: fui un adolescente confundido, un rock-star famoso, un rock-star estrellado, pasé hambre, tuve problemas con las drogas, sufrí mal de amores, tengo a mi familia… Allí viví mis primeros 27 años, los más importantes.

En Berlín, viviste con Seth Troxler y Ryan Crosson, si no me equivoco. Aquello debió de ser divertido…

Y con Shaun Reeves. En realidad, era su casa. Me dejaban dormir en el sofá porque les caía bien. Aquella casa era una locura. Ryan Crosson ya había publicado algo en Minus, pero ninguno de los cuatro éramos nadie aún. Corría el año 2007. Éramos niños, cuatro artistas de lugares diferentes que llegamos a Berlín sin apenas nada. Fue todo muy creativo.

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Guti no se olvidó de su buen amigo Seth Troxler a la hora de trabajar en este collage. | Imagen: © Eloi Herrero

De algún modo, estás también ligado a Barcelona, ya que tienes ahí tu estudio. ¿Por qué en Barcelona y no en otro lugar?

La cronología de las cosas, a veces, te sorprende. Yo, en ese momento, estaba mudándome a Lisboa, pero mi proyecto con Francesco Tristano, que vive en Barcelona, nos llevó a construir nuestro estudio allí. Luego, apareció Daniela, mi pareja, y me fui a vivir a Berlín con ella. Mi proyecto con Francesco terminó, pero ya vislumbro nuevas aventuras que me llevarán pronto a Barcelona, por lo que voy a mantener mi estudio allí.

Has sido también un asiduo de la escena ibicenca. La isla está hoy en día en boca de todos por su duro giro hacia nuevas tendencias mainstream. ¿Cuál es tu diagnóstico de la isla?

Ibiza se ha convertido en un lugar de ricos y de lujo excesivo. Generalmente, esa gente no está asociada al arte de vanguardia o underground, así que nos quedamos sin público. Las fiestas son pagadas por gente que no entiende de música y eso fue lo que mató a la isla. Es como poner un museo de arte en una guardería.

Has actuado en todo tipo de situaciones y momentos y ante todo tipo de públicos. ¿Cuál es el entorno en el que te sientes más cómodo?

Últimamente, me siento más cómodo open-air, de día, con un público que esté fresco y con ganas de divertirse.

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Guti actuando en un evento de Edible en Irlanda. | Imagen: © Edible

¿Qué ve Guti cuando mira hacia atrás? ¿Qué días o momentos recuerdas como decisivos en tu carrera?

Veo cuatro momentos claros. El primero es cuando empecé mi primera banda y cuando mi amigo Dani me dijo que iba a tocar con ellos y fui al primer ensayo con un teclado horrible y un sintetizador de cuatro pesos. El segundo: mi primer concierto en estadio con Jóvenes Pordioseros. El tercero: cuando me mudé a Europa y todo el mundo empezó a tocar mis temas, sobre todo aquel verano en Ibiza. Y el cuarto es hoy, con mi transformación en artista plástico y el inicio de todos mis proyectos artísticos que van más allá de la música.

Y, cuando miras hacia adelante, ¿qué ves? ¿Qué tiene todavía Guti que aportar a la escena musical electrónica? ¿Y específicamente a la escena de clubs?

Espero poder aportar mucho aún a la escena musical. Si no, no formaría más parte de ella. Mi coqueteo con otras artes no significa que vaya a dejar la música. El día que ya no tenga ganas de hacer algo relevante o que me sienta prescindible en la escena, dejaré de participar en ella.

¿Cómo produces música en tu estudio? ¿Qué utilizas?

Utilizo unas maquinitas con enanos dentro y, cuando aprieto botones, salen canciones. (risas) Soy músico desde hace un par de décadas y coleccioné muchos instrumentos a lo largo de mi carrera. Me gusta tener todo conectado y grabar cada toma. Me gusta invitar a músicos y hago mucha música on the road, así que me he acostumbrado a hacer música con cualquier cosa en el estudio de cualquiera.

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Múltiples proyectos musicales y una nueva rama artística: los collages. Es difícil ver a Guti descansar. | Imagen: © Eloi Herrero

Pero, ¿y en tu propio estudio, cómo lo afrontas?

Me levanto por la mañana, camino hacia el estudio, enciendo las máquinas, dejo mi mente en blanco y empiezo a buscar sonido por sonido, sin preguntarme muchas cosas, basándome sólo en si me gusta o no me gusta lo que oigo. A partir de ahí, me muevo, sin casarme con nada. Si tengo que invertir 10 horas, lo hago. Es un proceso bastante lúdico.

¿Llegaste a comprarle el Rhodes a Martin Buttrich?

(risas) ¡Nunca me lo quiso vender! Sigo soñando con que un día le convenceré para que me lo venda. Es uno de mis sueños. Si no es el Rhodes, será otro, aunque… sí, el Rhodes me gusta especialmente.

Imagino que crees en los mensajes detrás de la música. ¿Cuál es el tuyo?

No creo que haya un mensaje ni detrás, ni delante de la música. Más bien creo en la música como un mensaje. Uno es lo que hace, lo que vive y el mensaje es ese: somos artistas contemporáneos y ojalá todos se lo tomen en serio porque es ahora su momento y es ahora cuando somos parte de la escena. Quizás de aquí a 20 años ya no lo seamos. Cualquier día, puede caer un asteroide y se acabó todo, así que hagamos todo con amor y seriedad. Ese es mi mensaje.

ARTISTA: GUTI

(Imagen de Portada: © Eloi Herrero)

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