Polémicas, provocaciones, derrapes artísticos, apuestas arriesgadas, shows imprevisibles… y mucha, mucha cera. Tanto meter caña y, al final, siempre acabamos igual, dándole las gracias al mejor festival del mundo. En nuestra previa, ya avisábamos de que Sónar encaraba una de sus ediciones más complicadas. ¿Que cómo fue? Pues, como siempre, sobresaliente.

 

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Honey Dijon (izquierda) y Louie Vega (derecha), durante su inédito b2b de cierre en el Sónar Lab, en Sónar de Noche. | Imagen: © Sónar Festival

 

Cuando Amelie Lens, Dixon y Louie Vega y Honey Dijon ponían punto y final a sus sesiones (corrían las 7 de la mañana del domingo en la Fira Gran Via de L’Hospitalet), me invadió un sentimiento de culpa. Algo dentro de mí me decía que no había sido justo con Sónar. No habíamos tratado al festival como se merece. Pero empecemos la historia por el principio.

 

El “no festival” de música avanzada

Miércoles 19 de junio. 12h del mediodía. Antigua Fábrica Estrella Damm. Barcelona. Rueda de prensa de presentación oficial de Sónar y Sónar+D 2019. Llegamos con el cuchillo entre los dientes. Bad Gyal, estrella del programa diurno. Bad Bunny, protagonista en la noche. Con él, un A$AP Rocky que (justa o injustamente) acabó faltando a la cita por estar encarcelado en Suecia tras un encontronazo callejero. Esto no es la vanguardia artística que siempre ha acompañado al festival. La pregunta era un clamor: “Sónar, ¿qué te ha pasado?”

Por otro lado, los más críticos llevaban meses señalando a los organizadores por no haber bloqueado las fechas a tiempo. La dichosa feria textil pasaría por encima. Sónar tendría que moverse a julio. “Hará más calor”, “habrá dos OFF Week”, “muchos artistas tendrán ya esas fechas reservadas”, etc., etc., etc. Sónar recibió cera a diestro y siniestro. Durante meses. Non-stop.

 

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La Fira Gran Via de L’Hospitalet, recinto donde se celebra el Sónar de Noche, desde las alturas. | Imagen: © Sónar Festival

 

Era miércoles a mediodía. Estábamos, precisamente, en la misma semana que habría acogido al festival en cualquier otro año. El sol no tenía piedad. Barcelona era irrespirable (al final, cosas del destino, el cambio de fecha fue bueno incluso en eso). En la rueda de prensa, Enric Palau, programador del festival, destacó que el reggaetón ya llevaba años sonando en Sónar. Concretamente, desde que Diplo puso “La Gasolina” de Daddy Yankee en 2006 o desde que Calle 13 fueron también headliners poco después.

Estuve fijándome en la comunicación de Sónar en sus redes sociales durante todos los meses previos. Y estuve atento durante la presentación. Ni una sola vez se mencionaron las palabras “festival de música avanzada”. Ni una sola vez. Esa terminología ha caracterizado a Sónar durante 25 años, pero ya no se usa más. Y preguntamos por qué. “Al hablar de desarrollo tecnológico aplicado a la performance, de inteligencia artificial y de nuevas corrientes escénicas, se da por sentado que todo ello engloba un concepto de música avanzada a su tiempo”, fue la respuesta. La compramos, pero el lema o eslogan de un festival no deja de emplearse así como así. ¿Acaso estaba Sónar reconociendo que ha perdido cierto enfoque?

 

La dirección lo tenía todo controlado

Sergi Caballero y Enric Palau llevan 26 años organizando el festival de música electrónica más influyente del mundo. Si de algo saben es de dirigir las propuestas y de, en cierto modo, orientar los gustos del público. Es evidente que ellos también se encuentran con imprevistos. El cambio de fecha fue el más grave y parece que la única consecuencia ha sido la pérdida de 5.000 asistentes, pasando de 126.000 a 121.000. No es para tanto.

 

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El Sónar Village, durante el cierre de Daphni en Sónar de Día el jueves. | Imagen: © Sónar Festival

 

Lo demás estaba controlado. Absolutamente controlado. La apuesta por la música urbana, también. No es un antojo, sino la fiel representación de un movimiento tangible y real en la sociedad. Un movimiento de alta relevancia y de mucha influencia en el resto de géneros alternativos. Como firmé ya en la crónica del festival, “Sónar no hace más que mostrar una realidad, ser fiel a ella y jugar un papel de ventana al mundo”. ¿No es ese acaso su cometido?

Y por todo ello, el festival apostó por una entrada triunfal a caballo de Cecilio G, un tipo que también conoce bien lo que es estar entre barrotes. ¿Provocación? ¿Desidia? ¿Indiferencia? Al final, ¿qué más da? No llega a ser por las redes sociales, y, por ejemplo, yo no me habría enterado.

 

26º recital electrónico de Sónar

No me habría enterado porque, queridxs amigxs, Sónar (y puedo afirmarlo lleno de felicidad) sigue siendo el mismo Sónar que enamora a Barcelona desde hace 26 años. Sónar, amigxs, sigue siendo nuestro Sónar. Abriendo puertas a nuevos estilos, nuevas corrientes, nuevos públicos, pero cuidando y mimando a los que, desde hace años, seguimos hallando en este evento nuestra mayor fuente de inspiración.

No puedo negarlo. Entramos en Sónar con la mosca de Bad Gyal, Cecilio G y Bad Bunny detrás de la oreja. Y, sin darnos cuenta, estábamos ya bailando con el directazo de Dengue Dengue Dengue. A partir de ahí, a romperse la cabeza. La unión de Daito Manabe y Kamitani Lab o el live de Fennesz en el Cómplex, las demencias sonoras de Shiva Feshareki, Afrodeutsche o Slikback en el XS, los fiestones de Leon Vynehall o Daphni en el Village y la ida de olla de Arca con “Sal de mi cuerpo” en el Hall hicieron nuestro jueves.

Salimos de la Fira Montjuïc exhaustos, sobrecogidos, impresionados por todo cuanto habíamos visto. Y era el día flojo. Aquello acababa de empezar y nosotros ya empezábamos a preguntarnos aquello de: “¿En serio hemos dudado de Sónar todo este tiempo?”

 

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Daito Manabe, durante su show junto a Kamitani Lab en el Sónar Complex, en Sónar de Día. | Imagen: © Sónar Festival

 

A partir de entonces, todo mejoró. El viernes, DJ Krush y Maya Jane Coles nos brindaron sesiones legendarias en el Village. Ylia y Lorenzo Senni hicieron del Dôme un aula musical de nivel avanzado. Mans O y Holly Herndon cruzaron nuevas fronteras performáticas en el Hall. Bruce Brubaker y Max Cooper hicieron magia en el Cómplex. Y Aleesha, Muqata’a y Virgen Maria rompieron todos los esquemas en el XS.

El sábado, LYZZA armó una rave antes de hora en el Village, antes de que Red Axes y Erol Alkan derrocharan estilo a los cuatro vientos. Casi no nos enteramos de lo de Bad Gyal, pues una joven alemana llamada Perel (ya hemos hablado de ella) estaba convirtiendo el Dôme en lo más parecido al cielo. La belleza de la música de Kelly Moran homenajeando a las enseñanzas de John Cage en el Cómplex o la maratón vanguardista del Hall con Nicola Cruz, Actress y Max Cooper (que repitió) casi ni hacían falta. Aquello era un recital.

 

Por la noche… Bad ¿qué?

Ni nos acordamos de que estaba actuando Bad Bunny. Ver tres shows como los de Caterina Barbieri, Deena Abdelwahed y Neon Chambers (unión de Kangding Ray y Sigha) de corrido fue algo digno de un Berlin Atonal o un Unsound. Con eso, uno ya podía acostarse feliz. Pero es que luego quedaba empalmar el rave revolucionario de HAAi con el viaje al pasado de Paul Kalkbrenner y el gran cierre con Dixon (ya sabéis, el mejor DJ de todos los tiempos para quien aquí escribe).

 

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Dixon, cerrando por todo lo alto el Sónar Pub el sábado en Sónar de Noche. | Imagen: © Sónar Festival

 

La noche anterior tampoco tuvo mucho que envidiar. El bochornoso cierre de DJ Koze no empañó un itinerario de escándalo con Tutu, Acid Arab, Murlo, DJ Seinfeld, Underworld, Mall Grab, un poquito de Disclosure, un directo épico y a oscuras de Four Tet y un b2b inédito de Palms Trax y Peggy Gou. Si esto fuera una jornada de Dekmantel, nadie se escandalizaría. Pero era Sónar, el supuesto “Sónar del reggaetón y del trap”.

 

Perdónanos, Sónar, no sabíamos lo que decíamos

Por eso, Sónar, te pido públicamente perdón. Perdón por haber dudado de ti, de tus principios, de tus gustos, de tu curaduría artística. Perdón por haber pensado que te rendías a propuestas menos elaboradas. Perdón por haber pensado que habías dejado la vanguardia de lado. Que habías olvidado tus orígenes revolucionarios. Perdón por creer que ya no ibas a ser más nuestro festival, el festival en el que, año tras año, me reencuentro con todo el mundo. Perdón por creer que el movimiento OFF te había ganado la batalla.

Amigxs, Sónar sigue siendo Sónar. Y nosotros seguiremos siéndole fieles. Porque, en 26 años, Sónar aún no ha fallado. Ni una sola vez. Ni un solo año. Y si no lo ha hecho en 2019, con todos los problemas y todas las críticas que ha recibido y con todos los riesgos que ha asumido, ya no creo que lo haga nunca. No, amigxs, Sónar no fallará. No le fallemos nosotros a él. Perdón por dudar de ti, Sónar, y gracias por aguantarnos un año más. Nos vemos en junio (sí, en junio) de 2020.

 

SÓNAR 2019: 10 ACTUACIONES CLAVES

(Imagen de Portada: © Phlame)

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